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No solo una: la Tierra tiene más mini Lunas que esperan ser descubiertas

No solo una: la Tierra tiene más mini Lunas que esperan ser descubiertas
Foto: Getty Images

Durante años, la Tierra ha sido ocasionalmente el anfitrión de pequeños asteroides que, atrapados por su gravedad, dan lugar a las “minilunas“. Estos diminutos cuerpos celestes orbitan nuestro planeta durante períodos que pueden extenderse a años, e incluso décadas, antes de retomar su viaje en las profundidades del sistema solar. A medida que su estudio despierta un creciente interés, las minilunas se posicionan como objetivos clave en la exploración del espacio.

La primera miniluna fue avistada hace 18 años por los astrónomos del Catalina Sky Survey. Designada como 2006 RH120, esta roca espacial, con dimensiones que oscilan entre los 2 y 3 metros de longitud, completa una órbita alrededor de la Tierra cada 20 años antes de retomar su curso alrededor del Sol.

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Sin embargo, no estuvo sola por mucho tiempo, ya que en el año 2020, se identificó otra miniluna, bautizada como CD3. Estos pequeños acompañantes cósmicos están ganando relevancia en los planes de exploración del sistema solar, dado que se cree que podrían albergar claves fundamentales sobre los enigmas que rodean nuestro pasado planetario y la historia cósmica.

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Se estima que las minilunas tienen su origen en el cinturón principal de asteroides, ubicado entre Marte y Júpiter. Durante su periplo, actúan como cápsulas del tiempo, conservando el estado prístino del sistema solar en su juventud. Richard Binzel, astrónomo del MIT, las compara con las bolas de un pinball, ya que, influenciadas por la gravedad de los planetas, rebotan de un lugar a otro hasta encontrar un breve refugio en las cercanías de la Tierra.

Minilunas podrían revelar origen y formación de los asteroides

El potencial científico de las minilunas ha sido resaltado en numerosas ocasiones. Estudios como el publicado en Frontiers in Astronomy and Space Science en 2018, sugieren que estas minúsculas compañeras pueden brindar valiosa información sobre la formación de asteroides, la dinámica del sistema Tierra-Luna, y otros fenómenos celestes.

Además, su valor comercial no puede ser subestimado. Las minilunas pueden servir como bancos de pruebas para la ciencia y tecnología en el espacio cercano a la Tierra, ofreciendo un entorno propicio para experimentos que podrían resultar imposibles en otras condiciones.

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Los avances en la exploración espacial han sentado las bases para comprender mejor la naturaleza de los asteroides. Misiones como las sondas japonesas Hayabusa, que viajaron al asteroide Ryugu, y la sonda OSIRIS-REx de la NASA, que recolectó muestras del asteroide Bennu, han proporcionado valiosos datos sobre la composición y el origen de estos cuerpos celestes.

El descubrimiento de polvo estelar y moléculas prebióticas en estas muestras sugiere que los asteroides podrían haber desempeñado un papel crucial en el origen de la vida en la Tierra.

A pesar de su relativa accesibilidad, localizar minilunas representa un desafío considerable. Su tamaño reducido y velocidad significan que son difíciles de detectar, lo que explica por qué se han avistado tan pocas hasta la fecha, a pesar de que se cree que son abundantes en el espacio cercano a la Tierra. Superar este obstáculo será crucial para desbloquear el potencial científico y comercial de estos intrigantes cuerpos celestes.

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